DESPRECIABLES
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LOS DESPRECIABLES, contados por mí.

Debería haberlas contado. Sí, debería haberlo hecho. Hubiese sido un buen comienzo. Intrigante, esotérico, una especie de cábala. Te lo imaginas. Haber comenzado con 218... ó 124... ó... Debería haberlas contado.

La gente que lo leyese siempre se hubiese preguntado por ese número. Además, de haberlas contado, nunca hubiese revelado su procedencia. y se habrían desatado todo tipo de leyendas sobre ese número. Serán las veces que han tocado en directo, será la cantidad de gente que ha pasado por el escenario con ellos, serán las veces que la banda ha tenido que tocar Flinstones para que el bajista vaya al baño... Nadie lo hubiese sabido nunca. Por ninguna cabeza pensante habría pasado la idea de la cantidad de frases que se te pueden ocurrir para empezar a escribir sobre Los Despreciables y no decidirte por ninguna de ellas.


La idea era buena. Una página de Los Despreciables. Pero buenas ideas enterradas en la dejadez hay millones. Yo soy un gran enterrador, lo digo por experiencia.

Había que hacerlo y solo había una persona capaz de llevarlo a cabo, la misma persona que tira del carro Despreciable desde sus comienzos, que persigue enconadamente a todos para poder confirmar una fecha sin bajas, que graba canciones a quien no las tiene para que no se pierda tiempo en el local -vamos tan poco-, el hombre de la paciencia interminable, especialmente conmigo. Si existiese la liga de la paciencia él jugaría la Champions y Job solo patearía paciencias en regional, no exagero. Si, él era el único capaz de hacerlo, de conseguir que un tipo como yo que en los últimos diez o doce años solo ha escrito unas pocas frases y algunas veces estampado su firma, se pusiese a escribir algo sobre nosotros. No podía ser otro... Juan Antonio Despreciable.

"Necesito que el ala dura este representada", esta frase lleva un tiempo resonando en mi cabeza, pero en alguien como yo desde que las cosas resuenan hasta que se hacen realidad pueden pasar... ¿años?. Pero cada vez que la resonancia parecía extinguirse, de nuevo él me recordaba la frase. Y que coño, se merece este esfuerzo y muchos otros.


El ala dura. Siempre me he preguntado por que Juan Antonio nos bautizó así. Si el ala dura la hubiésemos compuesto solo Cutu y yo la explicación habría sido sencilla, son los más duros, aguantan tres horas de concierto sin moverse de su sitio ni un momento (vale, no me recordéis lo del baño). Pero es que Juan Antonio incluye a Seni y a Ramón. Pedidle una explicación a él.

El caso es que he leído lo que han escrito otros Despreciables, en concreto Ana, Andrea y Javier, y si hubieseis visto la cara del ala dura mientras leía nuestra reputación habría quedado francamente deteriorada.

De historia no voy a hablar. Javier Despreciable tiene mejor memoria y pluma, sin segundas, que yo.

Pero si quiero remontarme a un momento concreto de la historia despreciable.

El primer ensayo de Los Despreciables fue algo muy especial para mi. Era una época de mi vida en la que lo estaba pasando francamente mal. Y cuando recibí la llamada de Juan Antonio diciéndome que nos volvíamos a juntar con Javier y Mauri se me iluminaron la cara y las entrañas. Me comentó que había conocido a un batera excepcional, de esos de la vieja guardia, de los que me habían criado -musicalmente hablando-, de las leyendas vivas como le presenta Javier. Me habló de Cutu. Entonces la iluminación se mezcló con el respeto -que bien suena respeto para decir que uno esta "cagao"-.

Llegué al local con mucho respeto -ya no lo aclaro más-. Abrazos, besos y demás carantoñas con Juan Antonio, Javier y Mauri. Los Despreciables somos muy cariñosos. Y entonces me presentó a Cutu.

No me lo podía creer. Desde la primera canción la conexión bajo-batería funcionó como un genuino reloj coreano. Los dos nos íbamos de tiempo en los mismos sitios, era increíble. Yo tocando con un maestro y funcionaba.

Además había otra cosa que me dejo impactado, Cutu era un tío normal. Quien conozca a algún batera sabe perfectamente que la normalidad es una cualidad inexistente en ellos. Había conexión.

Ese día también conocí a otro Despreciable de los que dejan huella, Ramón. Un tipo al que es imposible borrarle la sonrisa y eso que en los últimos tiempos ha tenido mucha gente, les llamo gente porque soy muy mal hablado y estoy intentando que no se me note, intentando borrársela. Probablemente el mejor técnico de directo del mundo, capaz de hacer sonar el altavoz de una radio de decomisos como el equipo de Peter Gabriel.

Desde ese día, Los Despreciables han ido creciendo en edad y número. Somos todos más viejos, algunos mas sabios -no es mi caso- y, eso si, cada día mas Despreciables.

A nuestra despreciable familia se han incorporado unos cuantos, algunos solo estuvieron un tiempo y otros siguen viviendo con nosotros.

Josele, el hombre de las manos prodigiosas y la voz de oro, de quien he aprendido muchísimo sobre la cadencia del verdadero rock'n'roll. Seni, que voy a decir de ese demonio de las cuerdas... me gusta bailar con él. Ana, la dulzura y la bondad mezclada con el estilo de Ortigosa del Monte, devoción, es como definiría mi sensación por ella. Yoli, ese puntito heavy que nos faltaba, proviene de la parte del mundo que más me gusta. Andrea, como hemos rejuvenecido todos con esa voz y esa personalidad que arrolla sin que te des cuenta.

De los viejos Despreciables, Juan Antonio, Javier y Mauri, no quiero hablar. Cuando Juan Antonio me pidió unas líneas para su ambicioso proyecto de la página me lo dejó claro, la representación del ala dura. Creo que con lo que he escrito el ala dura ya se ha visto seriamente dañada y si hablo de Juan Antonio, Javier y Mauri lo más probable es que a partir de ese momento se nos denomine el lado rosa, así que me voy a contener.

Como broche final solo quiero que el mundo se entere que para mi es un placer y un honor ser un Despreciable, que compartir un escenario con toda esta pandilla es algo maravilloso y difícil de describir, que, aunque últimamente se me olvida con mayor frecuencia, cuando me junto con ellos noto que aun me corre sangre caliente por dentro.

No se si los que lean esto sabrán de lo que hablo, pero los que han subido a un escenario con nosotros estoy seguro que si lo saben y se que da envidia.

Que nos sigan envidiando de por vida.

Fernando Despreciable

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