DESPRECIABLES
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UNA DESPRECIABLE EXPERIENCIA, por Mauri.

Mercedes siempre me dice que tengo memoria de pez, y es verdad (para los que no lo sepan los peces tienen una memoria de sólo tres segundos, qué triste. ¡Qué triste mi existencia!). Así que intentar recordar cosas que han pasado durante los últimos doce años representaría una hazaña de la que soy absolutamente incapaz. Me limitaré pues, a delinear una absurda serie de pequeñas anécdotas, pensamientos o sentimientos.

Como tengo la suerte de ser uno de los últimos en escribir (suerte, salvo por la brasa que me ha dado Juan para que lo haga, con toda la razón) ya tengo cogido el truquillo a lo que se supone que hay que contar. Empezaré por el momento cómo-nos-queremos-de-la-hostia, pero seré breve e intentaré no repetirme:

Juan es el primer tipo que me dijo en un ensayo: "¡súbete el volumen del ampli, coño, que no te oigo nada!". Y eso llega al corazón, joder. He aprendido a amar el Rythm&Blues de manos de un maestro y mejor tipo.

Para los demás un comentario conjunto (todavía hay clases): hay muchos músicos que piensan que este negocio es una cosa muy seria, o que es un medio para alcanzar otras cosas, o que es una excusa para sobresalir del burdo populacho, o que es un lienzo en el que pintar los egos de cada un@. También hay muchos músicos que piensan que la música está por encima de las personas, y todas esas gilipolleces que nadie dice, pero que todos los divinos, en su foro interno, piensan. Bien, Los Despreciables me han demostrado durante una buena pila de años que lo que importa es todo lo contrario (no pienso enumerarlo, que cada uno se organice). Los que no se dedican o han dedicado alguna vez al mundo del artisteo (mi madre todavía me dice que no sea un bohemio, que haga algo de provecho. Y un zángano de amigo me dice que debe molar eso de ser bohemio y no hacer nada) no se podrán imaginar lo difícil que es trabajar con gente que no sigue los modelos antes descritos. Pero, si además estamos hablando de un grupo de doce personas nos estamos poniendo en un milagro de la naturaleza. Sí, señoras y señores. Los Despreciables representan un milagro en el "chow bisnes". Nos llevamos mucho mejor que bien, disfrutamos enormemente con lo que hacemos, y el novio o novia de nadie nunca se ha metido a tocar las bolas a los demás (impensable).

Esto no quiere decir que no haya habido malos ratitos. No señoras y señores, que esto no es La Casa de la Pradera (a los menores de 30 que le explique el símil un mayor). Ya ha expuesto Javier un ramillete de los "momentazos", pero se le han olvidado un par de ellos o tres (que raro, con el memorión que tiene). No pienso decir nombres de sitios ni fechas (ver explicación en el primer párrafo). En una ocasión tocábamos en un garito con telón, y cuando éste se abrió nuestro público se componía de un total de... siete personas? Luego se animó bastante, todo hay que decirlo. En otra ocasión, un capullo asalariado de un bar saltó la barra del bar con un bate de béisbol y casi nos infla (el currito defendiendo al patrón; un clásico). De ésta anécdota no daré más detalles porque supuso un pequeño cisma temporal en la armonía del grupo. Otra más divertida es cuando uno del grupo, Mauri (¡andá, si soy yo!) casi deja al grupo por razones religiosas (sí, habéis leído bien). Menos mal que el ateismo del grupo pudo más que la inspiración divina. Ya se sabe: el rock & roll es el opio del pueblo (¿o es la religión?). Hablando de pueblos, la del de Toledo ya la ha contado Javier, así que os remito a su texto (no tiene desperdicio). Otra que dejó huella fue una fiesta para recaudar fondos para una emisora libre. Antes de nosotros tocaba un cantautor al uso (melancólico y profundo, vaya). El muy cretino instó a la gente, en el transcurso de su actuación, a que se callaran o se fueran. Imaginaos la cara que se nos puso (éramos de los que estábamos hablando entre el público, y bastante alto, por cierto). Cuando nos subimos nosotros, Javier, con muy buen criterio, animó a la gente a charlar alegremente (¡qué bonito pareado!). Aunque, con el volumen al que tocamos, no creo que consiguieran comunicarse con efectividad. Nos quedamos con las ganas de preguntarle a aquel cantautor si había aprendido la bonita lección de que "si tu música es infame y nadie te presta atención quizá el que te tienes que pirar eres tú" (no creo que la aprendiera; son así los cantautores rancios: tercos). Por cierto, después de esa actuación he conseguido convencer a Los Despreciables en no más de dos ocasiones más para tocar "por la cara". Como son un poco rencorosos en el fondo, unos graciosos del grupo (he dicho que no daré nombres) me llamaron durante una larga temporada Mauri Sin Fronteras. Sin comentarios. Hay dos clásicos en la terminología "despreciable". Una es la de (dirigido al dueño del garito)"no te preocupes por el volumen altísimo que perciben tus oídos, esto cambia mucho cuando llegue el público porque absorbe el sonido". La verdad es que no ha habido ninguno que se haya quedado totalmente satisfecho con semejante explicación. Son unos incrédulos... .La segunda está relacionada con Ramón. Se ha constituido en clásico en las presentaciones de Javier. Ramón no hace que Los Despreciables suenen bien, sino "que suenen como suena". Este pequeño malabar lingüístico (con el que el público se suele quedar perplejo) se remonta a una actuación en la que Javier presenta a Ramón como el mago que hace que Los Despreciables suenen tan bien. Cuando termina el bolo Ramón se acerca a Javier y le dice "en tu vida me presentes así otra vez, no recuerdo otra noche en la que todo haya sonado de forma tan catastrófica". Pues eso, como desde dentro (desde el escenario) nunca se percibe bien cómo suena fuera, la presentación de Ramón ha quedado de esa forma. Y cada un@ que interprete como quiera... .

La longevidad, el buen hacer y las excelentes vibraciones entre Los Despreciables tienen un secreto bien guardado que os voy a desvelar. Nos gusta presumir de que ensayamos muy poco. Pero la verdadera razón de la escasez de ensayos es intencionada: "Los ensayos destrozan a los grupos" (Juan Antonio Despreciable). Y tiene razón, y como es un tipo empírico ha decidido experimentar con Los Despreciables la tesis de "poco ensayo=buen rollo". Sinceramente creo que deberían darle un premio Nobel por el descubrimiento -no creo que ocurra porque los suecos son gente muy recta y nuestro apellido no quedaría bien en la estatuilla-. Eso no quiere decir que cada uno no haga sus deberes en casa. Siempre dice Juan -y nuevamente tiene razón-, que en las películas en las que se retratan a gloriosas bandas del mundo del pos y/o del ros (no hay erratas) sólo se habla de drogas, de juergas, de copular y de malos rollos (al final, generalmente). Sin embargo nunca se les ve pelándose el culo tocando su instrumento (los pervertid@s que le encuentren alusiones sexuales a esto que se lo hagan ver) hasta que se les despellejan las manos. Un poco de sensatez: nadie nace haciendo algo muy bien, hay que currárselo. Es evidente.

Para finalizar no me voy a explayar en contar mis extensos aprecios a esta pandilla porque ya me encargo de decírselo personalmente y/o demostrárselo (os lo recomiendo como actividad placentera para con l@s que os rodean y valgan la pena; sobre todo antes de que la palméis y sea demasiado tarde). ¡Larga vida a las artes que no hayan perdido su objetivo más primigenio!: la expresión y el profundo disfrute.

Que nos veamos mucho,

Mauri Despreciable
Enero 2006

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